martes, 28 de mayo de 2019

Hace 13 años Jorge Rulli hablaba en Radio Nacional, en el Ciclo "Horizonte Sur"




Ya pasó el 25 de mayo y también la plaza del 25. Mucha adrenalina, muchas expectativas, mucho cambalacheo político a favor o en contra, mucho medir fuerzas y hacer cálculos, invertir en ómnibus cantidades ingentes para acarrear gente y en propaganda que si vamos, que si no vamos, bueno; ya pasó la plaza del 25... ahora discuten las cifras de los asistentes, ya que parece que muchos ignoran los metros cuadrados de la plaza histórica... Pero mas allá de las cifras parece que realmente hubo mucha, pero mucha gente. ¿Que significa hoy juntar esa cantidad de gente? Bueno, supongo que una gran satisfacción personal para el presidente y seguramente una autoafirmación de la acción de gobierno que se sentirá a partir de ahora más segura y más firme en un modo de conducir que, lamentablemente parece ignorar hasta ahora todo proyecto de país ya que los cambios siempre son de superficie y jamás alcanzan para modificar los modelos heredados.

Recuerdo a un profesor en Málaga que tenía yo cuando estaba en el exilio, que nos explicaba el significado de esa imagen tan española que dice: "Cuando la montaña parió un ratón" . En la Argentina cuesta comprenderlo, cómo es que la montaña va a parir un ratón, se pregunta uno... bueno, es una imagen tectónica y a la vez mítica que se enlaza con las antiguas leyendas y creencias del mundo rural. La montaña tiembla y el hombre antiguo ante ella se sobrecoge de pavor y relaciona los estremecimientos de la tierra madre con las contracciones de la mujer en el momento del alumbramiento. La montaña sigue temblando mientras las rocas ruedan y se abren grietas en la superficie, y el hombre antiguo imagina que algo monstruoso y enorme emergera a la luz de ese horroroso parto de montaña... no puede ser menos que un enorme ser seguramente pavoroso, se dice así mismo y se estremece... pero las contracciones de la tierra terminan cuando lo que surge de su entraña es un minúsculo ratoncillo que escapa rápido entre las breñas... La montaña parió un ratón

Las encuestas le dan al Gobierno un 72 % de aprobación en la población. Algún comentarista malintencionado añade que ni Perón al final de sus primeros mandatos alcanzaba semejantes cifras positivas, como si las diferencias de épocas y de circunstancias no importaran demasiado. Por eso creo importante aclarar algunas cosas. Perón había generado un proceso revolucionario de recuperación de los patrimonios nacionales y de avanzada justicia social, un proceso enorme de trascendencia y que implicaba fuertes enfrentamientos con políticas de los EEUU, tanto en el continente como en el mundo. Ese proceso político conducido por Perón, justificaba en el campo interno una fuerte oposición política que añoraba una Argentina anterior o acaso pretendía una Argentina diferente, que se inscribía en las ideologías de la época y que en una época de fuertes alineamientos internacionales, adhería a las grandes potencias aliadas de la Segunda Guerra Mundial. No es para nada el caso que vive la Argentina actualmente. Por el contrario, creo que el común mide ahora la imagen de gestión presidencial simplemente en comparación con las gestiones anteriores y en relación a situaciones sumamente inmediatas.

Priman las memorias cercanas y se impone una generalizada desesperanza alimentada en prolongados años de frustaciones y de auto represión. No se trata entonces de una crisis sino de algo así como una carencia momentánea de poder pensar lo porvenir, una ausencia de mayores expectativas que las mas inmediatas. Se disfruta de esa manera desde la corporación política, de la oportunidad de poder satisfacer con una acción de gobierno mediocre a un Pueblo que tiene reclamos mínimos, fuertemente vinculados a la mera sobrevivencia o mantener el actual nivel de vida. Es sorprendente entonces que en estas circunstancias el nivel de aprobación no sea mayor que el setenta y dos por ciento que señalan las encuestas. Las manifestaciones opositoras de los sectores recalcitrantes, tales como los homenajes a las víctimas de la subversión en que se dan cita una fauna diversa y siniestra y que constituye el trencito fantasma de la señora de Pando orillan el ridículo y mas favorecen la acción del Gobierno que lo que la perjudican.

De todos modos creo que las encuestas siempre entrañan alguna trampa y que son el producto de miradas vulgares o al menos sin complejidad, miradas que mas que facilitar, impiden ver la verdadera realidad aunque Duhalde y tantos otros opinen lo contrario... yo creo que las encuestas pueden medir la medrosidad de las expectativas del común en este momento, pero que tal vez no puedan medir con la misma exactitud el hartazgo que se oculta debajo de esa falta de esperanzas.

Y no quiero hablar hoy de ese hartazgo que estuvo detras de los hechos del 20 de diciembre de 2001, sino que quiero hablar hoy de mi propio y particular hartazgo. Pórque estoy convencido que quienes me rodean sentirán en mi suerte su propia confusa situación de ahogo cotidiano, ahogo que se intenta disipar con el fútbol dominguero, o en la bailanta o acaso pegándole a la propia mujer, pero que permanece soterrado en esos gestos hoscos, en el modo triste en que parecieran disfrutarse con gritos o con bromas los apretones bárbaros de del hacinamiento en el transporte o las mortificaciones del empleo o acaso en las humillaciones de no tenerlo... ¿Que mas podría decirles de esa bronca sorda, de esa tristeza generalizada que no digan los rostros cansados de la gente que viaja cada día en el vagón del ferrocarril a mi alrededor? Veo los rostros frescos todavía de las muchachas que no tienen otro horizonte que el ser cajeras de supermercado y el de sus compañeros, que según las camperas me indican que son reponedores de góndolas y obreros de depósitos o de gasolineras de alguna empresa transnacional. Veo los rostros agotados de los que vuelven de las changas cotidianas, los ancianos que deberían estar jubilados luego de una larga vida de penurias y que no tendrían que estar viajando para buscar el mango esquivo, sino permanecer con sus familias y que muchos que luego de una lucha feroz a los codazos obtuvieron asiento y duermen ahora con las bocas abiertas y los brazos aprentando humildes pertenencias. Veo a los niños que recorren el vagón con sus estampitas, que se cuelgan de nuestras ropas para que paliemos con una moneda la ausencia del Estado...

No luchamos por esto. No peleamos, ni morimos, ni fuimos a la tortura para que el petróleo después de tres años y a mas de setenta dólares el barril, siga siendo de Repsol y para que luego de tres años ni siquiera podamos volver a la jubilación de reparto. No luchamos para que una empresa como TBA se enriquezca con nuestras humillaciones cotidianas, se abuse impunemente de los pasajeros del ferrocarril del oeste, que nos haga viajar como ganado o aún peor que el ganado, en un país donde el ganado no se le respetan ni siquiera las normas del bienestar animal y además de todo eso, a esa empresa el Estado no haga sino aumentarle y aumentarle los subsidios convirtiendo nuestro sacrificio cotidiano en un meganegocio fantástico para los que como TBA viven de las prebendas del Estado bobo o cómplice, que cada cual lo llame como le plazca...
Es mentira que teníamos que festejar el 25 de mayo. El 25 de mayo de 1810 fue un acto miliciano en que la gente gritó saber lo que ocurría y en que cada vecino tenía un arma consigo o en una casa y eso contaba y mucho a la hora de las decisiones. Ninguno de esos vecinos fue porque le pagaron unos miserables pesos o acaso porque tuviera ese día transporte gratis...


Los herederos de Yabrán aún están en Marcos Paz contaminándonos la existencia.

Vivo a 48 kilómetros de Buenos Aires, en una localidad que se llama Marcos Paz y que se la conoce como la ciudad del árbol. Los menemistas instalaron en 1995 dentro del pueblo y frente al club de Campo de El Moro, a contrapelo de toda norma y de todo criterio urbanístico y engañando a los vecinos a los que se les dijo que era una fábrica de pinturas, instalaron el incinerador de residuos tóxicos mas grande que existe en la Argentina. Me refiero a la empresa Marcos Martini del Grupo Mauro, o sea Jorge Mauro, que entonces era el Gerente del área Pignoraticia del Banco Ciudad , puesto desde donde vació al Banco meticulosamente dejándolo con un rojo de ciento cincuenta millones de dólares. En aquellos años el incinerador era parte de la trama de negocios sucios de Yabrán y el horno nos llegó por disposición expresa de la Presidencia a través del Intendente de entonces, Enrique Salzman mas conocido como Quito y de su ladero político Osvaldo Masprone mas conocido como El Patón y uno de los perros y batatas incondicionales con que contaba el riojano supremo que ocupara tantos años la presidencia de este país. Con el incinerador llegaron también y según correspondía a la práctica empresarial de Yabrán, los hombre de guerra sucia tales como el comisario de la bonaerense Bataffarano, quién ocupaba formalmente la gerencia de seguridad y medio ambiente de la empresa aunque los obreros lo reconocían como uno de los dueños del incinerador. Y siguó ocupando ese puesto hasta que lo ubicamos en las listas del juez español Baltazar Garzón, lo denunciamos y desapareció de la zona.

Bien, han pasado mas de diez años en que los vecinos no hemos dejado de luchar contra la contaminación y contra la empresa. Los índices de cáncer y de mortalidad infantil han crecido en Marcos Paz hasta límites verdaderamente alarmantes pero el incinerador permanece como si el poder de Yabrán permaneciera. Salzman hoy es senador provincial y hombre de Randazzo, la nueva estrella en ascenso del aparato mafioso del justicialismo. Confía en volver a la intendencia en el 2007 por el Frente para la Victoria y se prepara pintando paredes con el nombre del presidente acarreando gente para la plaza. De aquellos hechos, me refiero a la instalación de Marcos Martini en el pueblo, soo ha dicho que fue engañado por sus propios colaboradores pero jamás hizo un gesto que no fuera para garantizar la permanencia de la empresa. El patón Masprone sigue ocupando un alto cargo en la intendencia aunque hace meses que no concurre ni figura en las actividades oficiales. Parece que la actual conducción del Municipio de origen radical encolumnado con el oficialismo y de gente proveniente del Frente Grande hallaron en pagarle como funcionario sin que trabaje, el modo que no los moleste. De tal modo el Patón se ocupa ahora de trabajos sociales y regentea 17 comedores populares para indigentes que son por supuesto, su garantía electoral para volver a la política cuando se le den las condiciones porpicias. El incinerador ha sido declarado recientemente  como empresa no grata por el HDC y como respuesta ha generado una campaña para mejorar la propia imagen entregando subsidios a las escuelas para camisetas de fútbol y para obras de teatro. Mientras tanto, en la Secretaría de Política Ambiental de la Provincia y como consecuencia de las intromisiones y presiones de los duelos de incineradores por una parte, y de las presiones de los vecinos por la otra, se sucedieron diversas crisis de funcionarios sin que la situación se resuelva hasta el presente.

Digo entonces. No luchamos tantos años para que nuestros hijos sean contaminados impunemente por los incineradores de los descendientes de Yabrán y compañía. No luchamos tantos años para tener demoracias de baja intensidad donde nuestra opinión como ciudadanos poco importe al lado de los intereses empresariales o de las consecuencias de las prácticas asistenciales ejercidas sobre una buena parte de la población durante años. Por eso es que, yo al menos, no tenía nada que festejar este 25 de mayo. Y repito, porque me parece importante: el 25 de mayo de 1810 fue un acto miliciano en que la gente se juntó en la Plaza y demandó saber lo que ocurría. Un acto en que cada vecino asumía con valor esos compromisos milicianos que eran el modo de la época de ejercer una ciudadanía que se iniciaba frente a la monarquía lejana y sus representantes...
Esos vecinos estuvieron en la plaza solo porque alimentaban un sueño de justicia y de Patria joven que nacía... Nosotros aún tenemos ese sueño y tan sólo pretendemos hacerlo realidad.

Jorge Rulli. Programa "Horizonte Sur". Radio Nacional. 28 de mayo de 2006

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